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  • Yosman Botero

Mis razones para protestar.

Es difícil estar lejos de casa y sentirse impotente ante las atrocidades que hemos observado en Colombia durante los últimos días.

Últimamente leí comentarios de personas que en tono de “superioridad moral” nos increpaban por opinar desde la “comodidad” que nos proporciona estar en un país extranjero. Y yo me pregunto: ¿acaso eso me da menos derechos a manifestarme? Si algo he aprendido de la experiencia es que uno debe ser consecuente con lo que piensa, para así evitar convertirnos en ciervos mansos y que los discursos de odio nos dejen ciegos.

Ante un comentario recibido acerca la forma que me he manifestado por medio del arte con la obra “Alocución presidencia” he decidió exponer las razones por las cuales considero, que mi trabajo como artista válida este tipo de expresiones, que, aunque puedan resultar hirientes, no se hacen con otra razón más que manifestar el inconformismo por la manera como se ha tratado a la sociedad colombiana, que desesperadamente busca un diálogo que les dé un ápice de esperanza fundamentada en la anhelada paz.




Soy de Cúcuta, por lo cual comprendo perfectamente la situación de Venezuela. El relato de mi papá desde que tengo memoria, es que el día que yo nací, el precio del Bolívar venezolano cayo de 19 a 9 pesos colombinos y eso arruinó la economía de la frontera. A los 20 años fui víctima, (aunque no me gusta usar esa expresión) de la bomba que según se dice, puso el ELN en el centro comercial Alejandría en Cúcuta en el 2003, donde murieron varias personas y aunque yo no sufrí ninguna lesión, perdí el poco plante que tenía para trabajar.

Cúcuta, que fue la cuna de la primera constitución colombiana, ha sido una ciudad olvidada por el estado colombiano, sin oportunidades más allá que el contrabando y el comercio ilegal de la gasolina, con una situación que cada día se agudiza más por la decadente situación venezolana, pero la situación de Cúcuta no es enteramente culpa de Venezuela, sino de la incompetencia del estado colombiano (Cúcuta es un territorio colombiano, los problemas de Cúcuta los debe arreglar Colombia, no Venezuela).

Vendiendo CD´s piratas y dibujando retratos a 10 mil pesos, recogí dinero para irme a estudiar por mi propia cuenta, en contra de lo que mis papás querían, (artes en mi Alma Mater, la Universidad de Antioquia); y los entiendo, porque la sociedad se ha encargado de estigmatizar un oficio tan humilde como el de ser creativo. Me costó mucho hacerles entender que mi esfuerzo valía la pena y creo que ellos ahora están orgullosos de eso, de saber que soy una persona con suficiente criterio para dar mi punto de vista.

En Medellín, viví la quiebra de la empresa de un amigo con quien trabajaba, cuando Chávez (en 2006 si no estoy mal) decidió no pagar las deudas a Colombia; la guerrilla secuestro a un amigo que afortunadamente fue liberado a los 3 meses, después de todo el trauma que le ocasiono esta situación y aun con todo eso, sigo adelante sin dar mi brazo a torcer.

Me fui a Bogotá hacia el año 2012 a buscar nuevas oportunidades y fue precisamente durante la Alcaldía de Petro, a quien critiqué profundamente ante los muchos errores de su gestión.


Tras mucho esfuerzo y dedicación, conseguí ahorrar lo suficiente para venirme a estudiar un Máster en España, a pesar de que muchos me dijeron (sin pedirles su consejo) que me quedara, porque el precio del euro estaba muy caro, y que habría un mejor momento para eso. Afortunadamente, sigo mi instinto y lo que la educación me ha enseñado, a tener mis propias ideas y mi propio criterio.

No me considero el mejor estudiante, ni la persona más inteligente, por eso mismo, sigo estudiando a mis 38 años, porque uno muere intelectualmente cuando deja de aprender, de ser curioso, de investigar de cuestionárselo todo y solo se permite cree ciegamente en lo que otros le dicen. Creo en el capitalismo, pero no en el Neoliberalismo, ni el comunismo, no soy petrista ni tampoco uribista, yo solo quiero que la gente tenga una visión más allá del feudalismo en que vivimos. Espero no ser irrespetuoso con mis palabras, solo quiero que comprendan, que juzgar a las personas sin conocerlas, solo incrementa las diferencias, pero agradezco que me hayan hecho recordado más profundamente, las razones por las que me expreso con mi obra, porque, a pesar de todo, lo que todos queremos en el fondo es vivir en paz.