EL PODER ESTÁ EN TODAS PARTES

El universo creativo de Yosman Botero se puede definir como un espacio construido a partir de puertas y espejos, en donde todo se refleja y se enfrenta con el objetivo de cartografiar, develar y cuestionar las relaciones de poder. Influenciado por múltiples referencias que vienen de la historia, la literatura, los documentales y el arte, Yosman ha reunido un archivo rico en mixturas que utiliza en el momento de crear. Se destaca su capacidad para detectar signos y símbolos, y a partir de ellos elaborar narrativas que en una dimensión visual y conceptual, cuestionan las tensiones ideológicas, institucionales y del sistema económico, en una sociedad que carga con décadas de represión y brutalidad, articulando una obra esencialmente política.

Yosman desarrolla un proceso creativo en el cual primero localiza un acto colonizador, y luego determina el ejercicio de explotación al que corresponde. Su obra critica el aprovechamiento inadecuado de los recursos naturales a través de la minería, la manipulación de la información por parte de los centros de poder, y las ansias desenfrenadas por el enriquecimiento. En este punto, gran parte de su obra surge de la necesidad de visualizar el vacío, para generar procesos de resiliencia en el espectador. Se verifica un marcado interés en la arquitectura y en el paisaje que adquiere una dimensión como territorio social. Así, su método de trabajo se podría definir como el estudio de la ecología de la guerra, en donde manifiesta un interés por aquellos paisajes que durante los conflictos bélicos sólo adquieren valor en la medida en que estos puedan ser un recurso para el enemigo. 

 

Los referentes teóricos de la obra de Yosman son múltiples. Entre ellos está la escritora, filósofa, directora de cine y fotógrafa norteamericana Susan Sontag quien en sus libros reflexiona sobre cuál es el sentido de su arte. “Que un sangriento paisaje de batalla pudiera ser bello —en el registro sublime, pasmoso o trágico de la belleza— es un lugar común de las imágenes bélicas que realizan los artistas. La idea no cuadra bien cuando se aplica a las imágenes que toman las cámaras: encontrar belleza en las fotografías bélicas parece cruel. Pero el paisaje de la devastación sigue siendo un paisaje. En las ruinas hay belleza”[1].

En consecuencia, una de las principales líneas de trabajo de Yosman ha sido el conflicto armado en Colombia. Su obra tiene un componente autorreferencial, ya que el artista se reconoce en primera instancia como colombiano y, después, como originario de Cúcuta, ciudad que marca el límite con Venezuela. Esta frontera, una de las más conflictivas de América Latina ha sido un punto neurálgico de la violencia en Colombia.

Fenómenos sociales como la migración han afectado su trabajo, no solo por su propia condición de migrante, sino porque las ingentes masas de desplazados que recorren el mundo lo enfrentan, en doble vía, con la realidad interna de su país en donde la sociedad de manera consciente o inconsciente ha hecho una “normalización de la violencia”. Así, desde su perspectiva, convierte esta realidad en un juego de espejos en el que se refleja lo que ve desde afuera.

Actualmente Yosman vive en Barcelona y manifiesta estar contaminado por su origen. Considera, en palabras de José Roca, que la mejor manera de ser global es ser profundamente local[2] y, en ese sentido, su obra se ha ido proyectando como un referente del arte político no sólo en Colombia, sino también en otros lugares del mundo.

Yosman destaca la censura, el eufemismo y las fake news como algunos de los mecanismos preferidos por los poderosos para manipular a la sociedad. Así, lo bueno aparece como malo, y lo malo toma el rostro de lo bueno.

En 1837, Hans Christian Andersen publicó El traje nuevo del Emperador, cuento que el tiempo ha hecho icónico y donde la voz de un niño deja al descubierto que el rey está desnudo. En la obra de Yosman quien está desnudo es el pueblo que vitorea al Emperador. Aquí, una imagen especular le da un nuevo sentido a este cuento. Aquí los poderosos visten trajes de oro y los desposeídos del mundo, sin educación y sin convicciones, los aclaman, los eligen, y olvidan que el poder está en todas partes: en su voto. El espejo se convierte en negación, trastocando la realidad. Aquí el niño que grita las verdades es el artista.

En Colombia se presentan paradojas que duelen: el final de la confrontación con las FARC, en 2016, por ejemplo, permitió que grandes empresas mineras pudieran acceder a territorios que antes les estaban vedados, con la consecuente destrucción del medio ambiente.

En la obra de Yosman estas relaciones se manifiestan como un juego de mímesis, en donde algo se oculta para mostrar otra cosa, y viceversa, uniendo principios antagónicos que en virtud de una propuesta artística se complementan y adquieren nuevos sentidos. Este objetivo se logra a través de la resignificación de los objetos y los materiales con los cuales trabaja, los mismos que ha estudiado durante años, como la caja, el pupitre, el espejo, la puerta, la arena, el grafito, la pintura, y el papel, entre otros.

Bajo la consigna de que una obra siempre debe estar bien hecha, su trabajo se caracteriza por la precisión y pulcritud de cada pieza. Yosman es un artista académico, apegado a la técnica y a la investigación. De esta manera su obra reúne series y proyectos en los que utiliza múltiples técnicas como el dibujo, la pintura, la instalación, la escultura y el video. Así, desde el arte, Yosman Botero propone salidas frente a la violencia y cuestiona las  relaciones de poder.

 

 

Natalia Castillo Verdugo

Directora AMA+

 

 

 

[1] SONTAG SUSAN. Ante el dolor de los demás. De Bolsillo, 2010. P. 68.

[2] NOVA MARTIN. Conversaciones con el fantasma. Editorial Planeta, 2017.