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La obra de Yosman parte de una pregunta que no se enuncia pero se siente: ¿qué es real y qué es la sombra de lo real?
Esta práctica opera como un sistema de fragmentos que solo adquieren forma definitiva en la ilusión, igual que la caverna de Platón, donde la verdad se percibe como una proyección.
La materia prima de esta investigación es la cotidianidad, no como realidad objetiva sino como recurso maleable, posible de fracturar y reconfigurar. Lo bello y lo siniestro no son polos opuestos, si no el mismo gesto visto desde ángulos distintos.
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