La práctica de Yosman Botero indaga cómo las estructuras de poder configuran la experiencia visual contemporánea. Su propuesta es un ejercicio esencialmente poético y político, articulado mediante imaginarios que tensionan la relación entre apariencia, ilusión y significado. El trabajo opera como un espacio de puertas y espejos para mapear y cuestionar las fricciones ideológicas inherentes al sistema económico actual.
Su investigación surge de la necesidad de desarticular el contexto global para propiciar una relectura de ese escenario en el espectador. El método se enfoca en la ecología de la geopolítica, examinando territorios y narrativas que adquieren valor solo como recurso estratégico.
Estéticamente, su abordaje se sitúa en la frontera entre lo bello y lo inquietante, forzando a la percepción a habitar un umbral inestable. Medios como la pintura, la escultura y la instalación no buscan representar lo visible, sino revelar los mecanismos invisibles que sostienen lo real: hacer manifiesta la ideología que yace bajo la superficie.


